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viernes, 13 de marzo de 2015

EL CABALLERO DE LA PAMPA PÚRPURA DE SALVADOR MONTOYA


Novela breve sobre la vida de Francisco Lazo Martí (1869-1909), publicada en el año 2011, por Salvador Montoya. El relato compuesto en fragmentos, es una lúcida descripción sobre la autenticidad de un hombre que se propone defender en palabra y en batalla su pampa púrpura, por tantas guerras civiles y enfermedades crueles. En ese caminar cotidiano, no sólo muestra la grandeza de su corazón como jefe civil, catedrático, comerciante, viajero sino también como consagrado médico y poeta eximio. Lazo Marti, el creador de la Silva Criolla, el máximo canto sobre los llanos venezolanos, fusiona el amor, el deber y el combatir por una existencia feliz.
 Salvador Montoya, novel escritor, con su narrativa lacónica no pretende hacer una alegoría o un símbolo, busca en todo caso hacer del personaje histórico un peregrino de la esperanza como todos podemos serlo. La prosa construida en voces que se esconden y otras como vivencias íntimas de los hechos paradógicos y controversiales del poeta Lazo Martí, nos guían a entender que la vida puede ser un vestigio de la felicidad o por lo menos la siembra frugal de lo que somos.
SALVADOR MONTOYA
(Calabozo, 1986) Escritor polifacético, sus textos lacónicos tejen con gran osadía poesías, parábolas, utopías, cuentos y ensayos, expresando con tino certero la inabarcable dimensión humana.

106 AÑOS DE AUSENCIA DEL POETA DE LA LLANURA: FRANCISCO LAZO MARTI.

Francisco Lazo Martí. (14 de marzo1869 - 9 de agosto 1909)



SILVA CRIOLLA
Invitación
(A un bardo amigo)
Es tiempo de que vuelvas;
es tiempo de que tornes…
No más de insano amor en los festines
con mirto y rosas y pálidos jazmines
tu pecho varonil, tu pecho exornes.
Es tiempo de que vuelvas…
Tu alma –pobre alondra—se desvive
por el beso de amor de aquella lumbre
deleite de sus alas. Desde lejos
la nostalgia te acecha. Tu camino
se borrará de súbito en su sombra…
Y voz doliente de las horas tristes,
y del mal de vivir oculto dardo,
el recuerdo que arraiga y nunca muere,
el recuerdo que hiere,
hará sangrar tu corazón, ¡oh Bardo!
------------------------------------------
Ven de nuevo a tus pampas. Abandonada
el brumoso horizonte
que de apiñadas cumbres se corona.
Lejos del ígneo monte
ven a colgar tu tienda. Ven felice,
ven a dormir en calma tus quebrantos,
y como el sol de la desierta zona
en viva inspiración ardan tus cantos.
Guárdate de las cumbres…
Colosales, enhiestas y sombrías
las montañas serán eternamente
la hermosa pantalla de tus días.
Deja para otra gente
el gozo de mirar picos abruptos,
y queden para ti las alegrías
de ver, al despertar, alba naciente,
y de abrazar con sólo una mirada,
de Sur al Septentrión. Y del Ocaso
hasta el fúlgido Oriente
la línea, el ancho lote, siempre al raso
de la tierra natal.
------------------------------------------
¡Libra tu juventud! El rumbo tuerce
de la fastuosa vía
en la que el vicio su atracción ejerce
y se tiñe de rosa la falsía
donde el amor procaz vive a su antojo
y cubierta de pámpanos la frente
celebra en la locura del despojo
parda penumbra y carnación turgente.
Si es oro la lisonja al bravo y fiero
Señor –de cuantos míseros se humillan—
desprecia el arte vil, por lisonjero,
en que nombres y almas se mancillan;
y si quieres al fin que no te alcance
de la vergüenza el dardo,
de igual manera que al hirviente cardo,
a la pasión venal esquiva el lance.
Es tiempo de que vuelvas,
es tiempo de que tornes.
No más de insano amor en los festines
con mirto y rosa y pálidos jazmines
tu pecho varonil, tu pecho exornes.
I
Torna a soplar del Este
el viento alegre y zumbador. Ondea
cual agitada veste
el sedoso follaje. El sol orea
la charca pantanosa,
y por el reino de la luz pasea
legión de garzas de plumaje rosa.
Florecer es amar… Sobre la falda
de las toscas malezas entreteje
la parásita en flor, áurea guirnalda;
cuelga blanco vellón, de su costado
el nido comenzado;
regio collar de abiertas campanillas
la trepadora mazadaza enreda,
y en dos porciones de oraza rota,
despide al aura leda,
del nevado cairel de su bellota
trenza brillante el orozul de seda.
Tras la menuda flor cuaja el uvero
su gajo tempranero;
sus nacarados frutos en el limo
el punzador curujujul engendra;
la maya erige colosal racimo
y desprende el merey sabrosa almendra;
señuelo de su copa en lozanía,
escondidos granates el orore
en mil estuches cría;
emulando la escarcha
el espinito su jazmín estera,
y del verde mogote en la cimera
abre su flor simbólica la parcha.
En el aire, en la luz, en cuanto vive,
amor su aliento exhala;
y su aliento febril –tras el espeso
ramaje que es baluarte y es escala—
estremece del pájaro travieso
el mullido pulmón bajo del ala.
Torrente luminoso
de cumbre cenital se precipita;
del árbol generoso
la regalada sombra al sueño invita;
por el margen del caño
espárcese el rebaño;
tiemblan reverberando los confines,
y borracha de sol y miel llanera,
celeste mariposa mensajera
batiendo va sus cuatro banderines.
II
Ya no viene bramando cual solía
al declinar el día,
por uno y otro rumbo la vacada;
ni plantado en mitad del paradero
escarba y muge fiero
el toro padre de cerviz cuajada.
Ya no turba el reposo de los hatos
madrugador lucero;
ni despiertan el eco adormecido
el amante reclamo del bramido
a la par de la copla del vaquero.
A más benigno suelo,
a más fértil región de aguas profundas
y de lucientes pastos regalados,
a las islas distantes y fecundas,
fuéronse al fin pastores y ganados.
¡Cantando una tonada clamorosa
y bajo el fiero sol de la sabana,
al paso lento de la res morosa
con rumbo al Sur cruzó la caravana!
III
Ya dos veces, monstruoso y despiadado
sobre la tierra pródiga, el incendio
su abanico flamante ha desplegado;
ya dos veces, por furias impelido,
las yerbas infecundas
su aliento abrasador ha consumido;
y de pie sin cejar, y frente a frente
con el río que impasible está delante,
humo y llamas lanzando su turbante
ha brillado en las noches del desierto
como si fuera un faro ignipotente
clavado en la ribera de un mar muerto.
En línea de combate, a campo raso,
pronta la garra, la mirada alerta,
hambrientos gavilanes, paso a paso,
asediaron del fuego la reyerta.
Consume aún su aliento las entrañas
de los troncos vetustos;
fluye sutil fermento de las cañas
y blanda mirra lloran los arbustos.
Coronando el pavés de la macolla
sangriento cardenal bate sus alas;
las consumidas galas
vertiginoso remolino arrolla;
y sobre el lienzo oscuro del quemado,
de perfiles grotescos,
la ceniza y el aura han dibujado
flores grises y rotos arabescos.
Cuando mengüe la Luna habrá verdores
en el fresco bajío;
y cerriles hatajos corredores
y venado bisoño,
en las tempranas horas del rocío
alegres pacerán tiernos retoños.
IV
La riente primavera,
Primavera fugaz, del sol amiga;
La que lluvia de flores le prodiga
Al monte y la pradera,
También como la hierba al pobre arbusto
la primorosa dádiva recibe,
y de su escasa floración primera
el botón más hermoso
prende sobre el cabello revoltoso
la inocente muchacha sabanera.
--------------------------------------------
¡Oh florida estación! Haced que nunca
turbe dolor violento
la paz de mis nacientes alegrías…
Y cuando vuele al fin mi pensamiento,
cuando vuele hacia allá, cuando yo muera,
que sea su compañera
la más brillante aurora de tus días!.
V
En estas dulces tardes veraniegas,
cuando el sol, que se va, desde lejano
purpurino confín, luz moribunda
esparce por el llano,
y del boscaje todo rumoroso,
y de un amor desconocido en alas,
por el aire sutil suben serenas
la canción funeral de las chicharras
y la ronca canción de las colmenas;
cuando apaga el purpúreo sangriento
y brota el color gris al horizonte
baña de nuevo en rojo
la columna de fuego que calcina
la tostada maleza del rastrojo.
--------------------------------------------
VI
Al tornar frescos hálitos del Norte,
del país de la nieve,
en junco silbador y hora leve
tendrá el estero florida corte.
Al pie de sus ganados,
y cuando caiga la primera bruma,
volverán los pastores emigrados;
volverán las vacadas
a repletar las cercas, y de espuma
a coronar los botes,
la linfa de las ubres ordeñadas.
Concertará de nuevo la alegría
el coro de las voces;
tras la recia labor –ya muerto el día—
caballeros veloces
partirán la amorosa romería;
y al calor del brasero,
cuando la noche pavorosa avance,
cantando irán de trovador llanero
la copla, el tono triste y el romance.
VII
Sin amor, sin deber ¿qué existencia?
¡Es tiempo aún de combatir! Procura,
Oh Bardo sin ventura,
Que cese al fin tu dilatada ausencia!
¡Es tiempo aún de combatir! Acude,
ven a luchar con juveniles bríos
por el bien de la raza cuyos lares
consagra el almo sol junto a los ríos
y cerca de los próvidos palmares.
Por el bien de la raza que abandona
El rincón sin azares…
-------------------------------------------
Por amor a tu raza en desventura;
por esta pobre tierra,
que el maléfico genio de la guerra
convierte ya en enorme sepultura;
por estos seres buenos y sencillos;
por este pueblo amado,
que vive –noble víctima—entregado
a la ciega ambición de los caudillos.
VIII
Tus pasos vulva hacia el hogar, ¡oh Bardo!
Yace por tierra el matizado velo
con el cual primavera engalanaba
los montes de tu suelo.
Cantando sin reposo la guacaba
pide lluvias al cielo,
conquistan con la fuerza y la osadía
nidos para el invierno los turpiales;
en los ralos matales
mueve el amor trinada algarabía;
y con tesón rayano en el enojo,
en la verde oquedad de la montaña
el carpintero de bonete rojo
cincela el tronco hasta la dura entraña.
Nueva decoración y nuevo encanto
lucen las atrayentes lejanías
que tu espíritu amó con amor santo.
Grises tapicerías
cubren el horizonte. La llanura
tiene otra vez reverdecido manto.
Como en aquellos días
del venturoso tiempo ya lejano,
en pos de mis pasadas alegrías,
vuelvo a tender la vista sobre el llano.
Caído en la remota lontananza
sin su manto de gloria,
el moribundo sol parece un cirio
que alumbrase honda cámara mortuoria.
El viento, sin rumor, apenas risa
la silente laguna en cuyo espejo
invisible dolor vertió ceniza;
y con vuelo despacio,
de la tarde a los pálidos reflejos,
las garzas que se irán, que se irán lejos,
pueblan de cruces blancas el espacio.
Hoy como ayer, andando a la ventura,
absorta la mirada, lento el paso,
trayendo margaritas del Ocaso,
miro bajar la noche a la llanura.
Mas de pronto pensando que fue triste,
pensando con dolor, pensando en ella,
me arrodillo en el polvo del camino
que en hora igual de gozo vespertino
recibió las caricias de su huella.
¡Oh destino de todos los que amaron!
¡Oh destino cruel! ¡Tú me condenas
a buscar en las móviles arenas
unas huellas que ha tiempo se borraron!
Llanura o cielo, cúspide o abismo;
¡santa Naturaleza!
para el dolor que vivo en tu grandeza
¿cuál palabra mejor que tu mutismo?
¡Oh Madre! El áureo broche de tus días,
y tus campos que amó la primavera,
retienen prisionera
el alma de mis muertas alegrías!
Hoy como ayer, y de la noche oscura
bajo la inmensa nave,
en tono triste, quejumbroso y grave
brota doliente canto en la llanura;
y trae breve silencio, cual sonoro
trueno de burlas el cantar vecino,
en son de fiesta, alcaravanes pardos,
abierta el ala de purpúreos dardos,
rompen a carcajadas en su trino.
De pavura o dolor, el grave canto
y la seguida estrepitosa burla,
de crueldad casi humana,
hieren mi corazón, lo hieren tanto
que anheloso y de prisa me levando
a mirar si está sola la sabana.
-------------------------------------------
IX
¡A meditar no acude cual solía
dulce melancolía
en la tumba del sol! Es la tristeza
la que doliente se arrodilla y reza
cuando, para dormir, desmaya el día.
Ya las noches no son como eran ellas
propicias al amor. El cielo oscuro
a las almas no atrae. ¡Grietado muro,
por él se asoman pávidas estrellas!
Ya no brilla inclinada hacia el Oriente
la hermosa Cruz del Sur. Barre las hojas
la ráfaga bravía,
y siguiendo la negra lejanía,
serpean ligeras llamaradas rojas.
X
¡Es tiempo de que vuelvas!... ¡Sin mancilla
te aguarda el viejo amor! Viva te espera
del culto del hogar la fe sencilla.
¡Se fue la primavera!
Ruge amenazador trueno lejano
y de soles nublados, agorero,
la cenicienta garza del verano
tañe, al pasar su canto plañidero.

EDUCADORES VENEZOLANOS: LUIS BELTRÁN PRIETO FIGUEROA


Realizó estudios de primaria en su ciudad natal (1918). En la misma inició estudios de secundaria hasta 1925, cuando se trasladó a Caracas, donde se graduó de bachiller en el Liceo Caracas (1927). Egresó de  la Universidad Central de Venezuela en 1934 con el titulo de doctor en ciencias políticas y sociales. Después de la muerte del general Juan Vicente Gómez, Prieto Figueroa se incorporo a la política como miembro fundador del movimiento Organización Venezolana (ORVE). Luego formaría parte del grupo de políticos. Entre ellos Rómulo Betancourt, que fundarían el partido Acción Democrática (AD, 1941). En la década de 1930 compartía su actividad política con la de escritor y maestro. En 1932 fundó la Sociedad de Maestros de Instrucción Primaria, y en 1936 la Federación Venezolana de Maestros (FVM). Entre 1937 y 1942 mantuvo en el diario caraqueño AHORA, una columna titulada “La escuela, el niño y el maestro”. Senador por el Estado Nueva Esparta (1936 – 1941), ocupó la presidencia del Concejo Municipal del entonces Distrito Federal en 1937. Derrocado el gobierno del general Isaías Medina Angarita, asumió la secretaría general de la Junta Revolucionaria de Gobierno (1945 - 1948) y la cartera de Educación (1947 – 1948). Desde este último cargo hizo esfuerzos importantes por universalizar la educación y mejorar la calidad, a través de una nueva estructuración del sistema educativo, en base a la tesis de la escuela unificada, que se tradujo en una Ley Orgánica de Educación aprobada en 1948. Como consecuencia del golpe de Estado del 24 de noviembre de este último año fue enviado al exilio. Hasta su regreso al país, a raíz del establecimiento de la democracia el 23 de enero de 1958, se dedico a la labor educativa en el exterior como jefe de misión al servicio de la UNESCO, primero en Costa Rica (1951 -1955) y luego en Honduras (1955 -1958). También fue profesor de la universidad de La Habana (1950 – 1951). En 1959 creó el Instituto Nacional de Cooperación Educativa (INCE), y en 1961 formó parte de la comisión redactora de la nueva Constitución Nacional. Desde 1962 hasta 1967, presidió el Congreso Nacional de la República y fue presidente del partido AD hasta 1967, cuando se separó del mismo y se convirtió en presidente – fundador del Movimiento Electoral del Pueblo (MEP), del cual fue candidato presidencial en las elecciones de diciembre de 1968.Luis Beltrán fue un asiduo colaborador de la prensa nacional, en especial del diario El Nacional, donde mantuvo, una muy leída columna durante más de 40 años. Algunos de sus artículos de prensa fueron recogidos en las siguientes obras: Las ideas no se degüellan, Pido la palabra y Mi hermana María Secundina y otras escrituras.  Su biblioteca, que consta de más de 60000 volúmenes, fue donada por él a la Biblioteca Nacional de Venezuela.


Otra faceta poco conocida de este personaje es su sensibilidad poética, para acercarnos a ella, les presento el siguiente poema:
¿Quién soy? ¿Qué soy?
en este mudar interminable
he sido tantas veces
y he dejado de ser.
Es el camino y sus recodos
el que modela el paso
aunque sea nuestro camino
y el pie señale la postura.
Seguiré siendo,
 siempre inconforme de lo que soy,
¿Cómo seré mañana?
 que mi yo me sorprenda
afirmando como quiero ser
y no cómo debo ser según los otros.
El hombre es un proyecto:
¡Subir, crecer hasta perfecto!
el anhelo infinito:
 ¡Ser es hacerse cada día!
Fuentes
Diccionario Biográfico: 1640 Figuras de Venezuela. Editorial Globe. España. 2008.
Prieto Figueroa, Luis Beltrán. Soy tu voz en el viento. Poesía reunida. Fundación Editorial El perro y la rana. Caracas- 2013.
Google imágenes.


miércoles, 11 de marzo de 2015

SIMBOLOS DE LA VENEZOLANIDAD



Ser venezolano (a), implica además de haber nacido en nuestra amada patria “VENEZUELA”, identificarnos con nuestra raíces ancestrales imbricadas en la raza autóctona aborigen, la africana y la española, somos por tanto una mezcla, de culturas, razas, idiomas que con el transcurrir del tiempo, se transforma en “venezolanidad”, esa mixtura de apariencias físicas, manera de hablar, ser y sentir, con un pasado común que proviene de la colonización, la gesta emancipadora, de personajes con fuerza y valor para realizar la independencia, no solo del propio territorio sino de todos cuantos fueron posibles, esa es la vocación bolivariana heredada de los antecesores: ser amantes de la libertad, proclamarla, vivirla y compartirla…
Será por esa razón, que al igual que cualquier ciudadano enraizado al terruño que lo vio nacer y desarrollarse, como ciudadano, amante de su familia, comunidad y región se identifica con los símbolos que desde su infancia lo  han acompañado en esos ciclos repetitivos que representan los años vividos, con sus fiestas, tradiciones, impregnadas de conmemoraciones que evocan las luchas de los antepasados, los cantos que los alentaron, las banderas que hondearon para exaltar la victoria contra el opresor, el nacimiento o muerte de los héroes de nuestra historia, de nuestra existencia como país…

EL ESCUDO DE VENEZUELA

Según su descripción heráldica, se trata de un blasón dividido en el medio, cortado en el centro con un arco leve y formado por tres cuarteles que tienen como fondo los mismos colores de la bandera. El Escudo Nacional fue reformado el día 7 de marzo de 2006 por la Asamblea nacional a saber: El cuartel de la izquierda de quien observa será rojo y contendrá la figura de un manojo de mieses, con tantas espigas como estados tenga la República Bolivariana de Venezuela, como símbolo de la unión y de la riqueza de la Nación. El cuartel de la derecha de quien observa será amarillo y como emblema del triunfo figurarán en él una espada, una lanza, un arco y una flecha dentro de un carcaj, un machete y dos banderas nacionales entrelazadas por una corona de laurel. El tercer cuartel será azul, ocupará toda la parte inferior del Escudo de Armas y en él figurará un caballo blanco indómito, galopando hacia la izquierda de quien observa y mirando hacia delante, emblema de la independencia y de la libertad; adoptándose para tal efecto la figura del caballo contenido en el Escudo de la Federación, de fecha 29 de julio de 1863.
El Escudo de Armas tendrá por timbre, como símbolo de la abundancia, las figuras de dos cornucopias entrelazadas en la parte media, dispuestas horizontalmente, llenas de frutos y flores tropicales y en sus partes laterales las figuras de una rama de olivo a la izquierda de quien observa y de una palma a la derecha de quien observa, atadas por la parte inferior del Escudo de Armas con una cinta con el tricolor nacional. En la franja azul de la cinta se pondrán las siguientes inscripciones en letras de oro: a la izquierda de quien observa “19 de Abril de 1810″, “Independencia”, a la derecha de quien observa, “20 de Febrero de 1859″, “Federación”, y en el centro “República Bolivariana de Venezuela”.

BANDERA NACIONAL

 La bandera tricolor de Venezuela fue creada por el precursor de la Independencia, Francisco de Miranda, quien la izó por primera vez en su buque-insignia, el "Leander", en la rada de Jacmel (Haití) el 12 de marzo de 1806. Entre los voluntarios extranjeros que asistieron a la solemne ceremonia estaba James Biggs, quien escribió: "Esta Bandera está formada por los tres colores primarios que predominan en el arco iris.", es decir, el amarillo, el azul y el rojo. 
El 3 de agosto de ese año, Miranda desplegó nuevamente el Pabellón Tricolor al poner pie en tierra venezolana en la Vela de Coro, a la cabeza de su Expedición Libertadora. Igualmente, el pabellón tricolor fue izado en los lugares más destacados de la ciudad de Coro, como la torre de la Iglesia Parroquial (actual Catedral).
El 13 de Marzo del 2006, día de La Bandera, al cumplirse 200 años de ser esta izada en Falcón, la Asamblea Nacional sancionó una nueva Ley de Bandera y Escudo Nacional la cual fue promulgada por el Presidente de la República Hugo Rafael Chávez Frías. Por esta ley la Asamblea venezolana decreta que se le adicione a la bandera la octava estrella, representativa de la Provincia de Guayana la cual solicitó Bolívar en el congreso de Angostura y le fue negado. El Escudo de Armas que ubicado en el extremo de la franja amarilla cercano al asta, lleva como inscripción en el centro de la franja azul: "República Bolivariana de Venezuela".
HIMNO NACIONAL
 Es el canto patriótico conocido con el nombre tradicional de "Gloria al Bravo Pueblo". En cuanto a la letra, todos los testimonios indican como autor al médico, poeta y revolucionario Vicente Salias y la autoría de la música a Juan José  Landaeta, el "Gloria al Bravo Pueblo", data de los días que siguieron al 19 de abril de 1810 (fecha de la declaración de la independencia de Venezuela, de España)
Esta canción patriótica no será decretada oficialmente himno nacional del país hasta el 25 de mayo de 1881 por parte del presidente Antonio Guzmán Blanco. Desde entonces y hasta 1947 se produjeron distintas versiones del himno nacional hasta que en ese año se publicó la versión actual prohibiéndose cualquier tipo de modificación al texto.


Himno Nacional de Venezuela:
“GLORIA AL BRAVO PUEBLO”
Coro

Gloria al bravo pueblo
que el yugo lanzó
la Ley respetando
la virtud y honor.

I

Abajo cadenas
gritaba el señor
y el pobre en su choza
libertad pidió
a este santo nombre
tembló de pavor
el vil egoísmo
que otra vez triunfó.
II

Gritemos con brío
Muera la opresión
Compatriotas fieles,
la fuerza es la unión;
y desde el Empíreo
el Supremo Autor,
un sublime aliento
al pueblo infundió.
III

Unida con lazos
que el cielo formó
la América toda
existe en nación
y si el despotismo
levanta la voz,
seguid el ejemplo
que Caracas dió.

Letra: José Vicente Salías
Música: Juan José Landaeta