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Bienvenidos a Solariego. Un blog para opinar y compartir saberes...

Solariego es un blog para iluminar la comunicación sobre temas educativos y culturales, valores, pensamiento filosófico y cualquier arista del saber que quiera ser compartido desde el respeto del pensamiento, la creación de ideas y conocimientos personales o colectivos.

jueves, 4 de abril de 2013

 
 
Día del Idioma, del Libro y del Derecho de Autor
El 23 de abril de 1616 fallecían Cervantes, Shakespeare y “El Inca” Garcilaso de la Vega, tres autores que traspasaron fronteras y que hoy son referencia universal. Por lo mismo, la UNESCO estableció esta fecha como “El día internacional del Libro y del Derecho de Autor”. Con la celebración de este día en el mundo entero, la UNESCO pretende fomentar la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor.
Y como si esto fuera poco, también un 23 de abril nacieron y murieron otros gloriosos e ilustres escritores, como Maurice Druon (francés), K. Laxness, Premio Nobel (irlandesa); Manuel Mejía Vallejo (colombiano); Vladimir Nabokov (ruso), y el español Josep Pla, entre otros.
No nos debe extrañar entonces que esta fecha tan simbólica para la literatura mundial fuera la escogida por la “Conferederación General de la UNESCO” para rendir homenaje mundial al libro y a sus autores. Invitar a todos – específicamente a los más jóvenes – a descubrir el placer de la lectura y respetar la irreemplazable contribución de los creadores al progreso social y cultural, es la base de cada 23 de abril.
¿Cómo nació esta iniciativa?
La idea de celebrar en el mundo el “Día Internacional del Libro”, fue una propuesta de la Unión Internacional de Editores (UTE), y presentada por el Gobierno Español a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). En su 28º versión (1995), la “Conferencia General de la UNESCO” aprobó, en unanimidad, proclamar el 23 de abril de cada año como el “Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor”, para estimular aquellas manifestaciones que persiguen la creación o el fortalecimiento de las infraestructuras de producción y difusión de libros.
Eso sí, siempre con el fin máximo de promover la lectura y el derecho de autor. Este último punto tiene como objetivo fomentar el respeto a los derechos de propiedad intelectual, tan amenazados en estos tiempos.En conmemoración de Cervantes, los países de habla hispana no sólo celebran el 23 de abril como el día del libro, sino que además han proclamado esta fecha como “Día del Idioma”, con el objetivo de impulsar el uso de la lengua castellana. Hoy son más de ochenta países los que celebran este día
 
 
 



martes, 24 de julio de 2012

EDUCACIÓN LIBERADORA Y PROMOCIÓN DE LECTURA.




Por Dra. Mireya Hidago.
La educación liberadora propuesta fundamentada en los planteamientos de Paulo Freire, significa un aporte trascendental que orienta el paradigma educativo postpostivista  desde una perspectiva humanista, cooperativista y de dialogo entre todos. En su recorrido por la pedagogía del oprimido el autor brasileño, que incluye a Erich Fromm y a Hegel hace explicita la necesidad de superar la condición opresor – oprimido mediante el dialogo para mejorar las diferencias o desequilibrios entre  los grupos sociales, trata sobre las dicotomías enraizadas en ellos por razones económicas, religiosas, políticas o culturales. Luego de estas consideraciones propone la conversación respetuosa, considerada auténtica entre los integrantes de diferentes grupos en torno a temas de interés común para ir superando los desencuentros y transformarse en comunidades que puedan ser productivas en el sentido tanto intelectual como en lo económico, educativo. Lo cual puede entenderse como la liberación de la condición opresor – oprimido, que según Freire produce una sensación de insatisfacción en ambos grupos.
La promoción de la lectura, vinculada a la interacción social comunitaria, pretende favorecer la reflexión sobre temas de interés para el grupo social, que sean significativos, además de enraizar la lectura como elemento fundamental para acercarse al conocimiento necesario en la resolución de problemas, para el disfrute de la literatura, aprender de lo que ya existe en los formatos impresos o digitales y seguir construyendo a partir de la meditación y el intercambio de saberes compartidos en las diferentes instancias de participación originadas por la actividad. Por lo tanto libera de la ignorancia, la indiferencia y escepticismo para tener la posibilidad desde la comunidad involucrada de conocer, pensar y participar en eventos culturales, protagonizados por ellos y fundados en su creatividad e intereses.
Expuestas las ideas e intencionalidad de la Educación Liberadora y de la Promoción de la Lectura, vinculada a la interacción social comunitaria, se hace perceptible un compromiso social, en el que las acciones de ambas, derivan en un deseo legitimo de colaborar en la superación de las diferencias grupales a través, del dialogo, la interacción, el intercambio de ideas, saberes, en un planteamiento y en el otro se adiciona la lectura como eje de ese proceso, que se complementa y no puede prescindir de los elementos de la otra, para ser opción valida en las comunidades.




martes, 17 de julio de 2012

LA IMPORTANCIA DEL ACTO DE LEER: Paulo Freire

A continuación les presento un fragmento de un discurso del pensador Brasileño Paulo Freire, en el que expresa sus primeras impresiones del contexto que rodeo su aprendizaje de la lectura. En él se percibe, el mundo de sensibilidad inherente a la etapa infantil,  en el que se plantea el inicio del aprendizaje de la lectura, el que creo debe tenerse presente cuando se es docente de Educación Primaria, especialmente de los primeros años, porque ellos dejan su huella imperecedera en la memoria del adulto que se aspira formar en el sistema educativo formal. Por eso hay que observarlo, favorecerlo,  guiarlo con su fantasía, creatividad para enriquecerlo de la mejor manera posible, para hacer de esos recuerdos imborrables, los mejores de la existencia de cada ser que aprende por deber y derecho de la condición humana.


 La lectura del mundo precede a la lectura de la palabra, de ahí que la posterior lectura de ésta no pueda prescindir de la continuidad de la lectura de aquél. Lenguaje y realidad se vinculan dinámicamente. La comprensión del texto a ser alcanzada por su lectura crítica implica la percepción de relaciones entre el texto y el contexto. Al intentar escribir sobre la importancia del acto de leer, me sentí llevado –y hasta con gusto – a “releer” momentos de mi práctica, guardados en la memoria, desde las experiencias más remotas de mi infancia, de mi adolescencia, de mi juventud, en que la importancia del acto de leer se vino constituyendo en mí. Al ir escribiendo este texto, iba yo “tomando distancia” de los diferentes momentos en que el acto de leer se fue dando en mi experiencia existencial. Primero, la “lectura” del mundo, del pequeño mundo en que me movía; después la lectura de la palabra que no siempre, a lo largo de mi escolarización, fue la lectura de la “palabra-mundo”.La vuelta a la infancia distante, buscando la comprensión de mi acto de “leer” el mundo particular en que me movía –y hasta donde no me está traicionando la memoria – me es absolutamente significativa. En este esfuerzo al que me voy entregando, re-creo y re-vivo, en el texto que escribo, la experiencia en el momento en que aún no leía la palabra. Me veo entonces en la casa mediana en que nací en Recife, rodeada de árboles, algunos de ellos como si fueran gente, tal era la intimidad entre nosotros; a su sombra jugaba y en sus ramas más dóciles a mi altura me experimentaba en riesgos menores que me preparaban para riesgos y aventuras mayores. La vieja casa, sus cuartos, su corredor, su sótano, su terraza –el lugar de las flores de mi madre-, la amplia quinta donde se hallaba, todo eso fue mi primer mundo. En él gateé, balbuceé, me erguí, caminé, hablé. En verdad, aquel mundo especial se me daba como  el mundo de mi actividad perceptiva, y por eso mismo como el mundo de mis primeras lecturas. Los “textos”, las “palabras”, las “letras” de aquel contexto –en cuya percepción me probaba, y cuanto más lo hacía, más aumentaba la capacidad de percibir – encarnaban una serie de cosas, de objetos, de señales, cuya comprensión yo iba aprendiendo en mi trato con ellos, en mis relaciones mis hermanos mayores y con mis padres. Los “textos”, las “palabras”, las “letras” de aquel contexto se encarnaban en el canto de los pájaros: el del sanbaçu, el del olka-pro-caminho-quemvem, del bem-te-vi, el del sabiá; en la danza de las copas de los árboles sopladas por fuertes vientos que anunciaban tempestades, truenos, relámpagos; las aguas de la lluvia jugando a la geografía, inventando lagos, islas, ríos, arroyos. Los “textos”, las “palabras”, las “letras” de aquel contexto se encarnaban también en el silbo del viento, en las nubes del cielo, en sus colores, en sus movimientos; en el color del follaje, en la forma de las hojas, en el aroma de las hojas –de las rosas, de los jazmines, en la densidad de los árboles, en la cáscara de las frutas. En la tonalidad diferente de colores de una misma fruta en distintos momentos: el verde del mago-espada hinchado, el amarillo verduzco del mismo mango madurando, las pintas negras del mago ya más que maduro. La relación entre esos colores, el desarrollo del fruto, su resistencia a nuestra manipulación y su sabor. Fue en esa época, posiblemente, que yo, haciendo y viendo hacer, aprendí la significación del acto de palpar. De aquel contexto formaban parte además los animales: los gatos de la familia, su manera mañosa de enroscarse en nuestras piernas, su maullido de súplica o de rabia; Joli, el viejo perro negro de mi padre, su mal humor cada vez que uno de los gatos incautamente se aproximaba demasiado al lugar donde estaba comiendo y que era suyo; “estado de espíritu”, el de Joli en tales momentos, completamente diferente del de cuando casi deportivamente perseguía, acorralaba y mataba a uno de los zorros responsables de la desaparición de las gordas gallinas de mi abuela .De aquel contexto –el del mi mundo inmediato-  formaba parte, por otro lado, el universo del lenguaje de los mayores, expresando sus creencias, sus gustos, sus recelos, sus valores. Todo eso ligado a contextos más amplios que el del mi mundo inmediato y cuya existencia yo no podía ni siquiera sospechar. En el esfuerzo por retomar la infancia distante, a que ya he hecho referencia, buscando la comprensión de mi acto de leer el mundo particular en que me movía, permítanme repetirlo, re-creo, re-vivo, la experiencia vivida en el momento en que todavía no leía la palabra. Y algo que me parece importante, en el contexto general de que vengo hablando, emerge ahora insinuando su presencia en el cuerpo general de estas reflexiones. Me refiero a mi miedo de las almas en pena cuya presencia entre nosotros era permanente objeto de las conversaciones de los mayores, en el tiempo de mi infancia. Las almas en pena necesitaban de la oscuridad o la semioscuridad para aparecer, con las formas más diversas: gimiendo el dolor de sus culpas, lanzando carcajadas burlonas, pidiendo oraciones o indicando el escondite de ollas. Con todo, posiblemente hasta mis siete años en el barrio de Recife en que nací iluminado por faroles que se perfilaban con cierta dignidad por las calles. Faroles elegantes que, al caer la noche, se “daban” a la vara mágica de quienes los encendían. Yo acostumbraba acompañar, desde el portón de mi casa, de lejos, la figura flaca del “farolero” de mi calle, que venía viniendo, andar cadencioso, vara iluminadora al hombro, de farol en farol, dando luz a la calle. Una luz precaria, más precaria que la que teníamos dentro de la casa. Una luz mucho más tomada por las sombras que iluminadora de ellas. No había mejor clima para travesuras de las almas que aquél. Me acuerdo de las noches en que, envuelto en mi propio miedo, esperaba que el tiempo pasara, que la noche se fuera, que la madrugada semiclareada fuera llegando, trayendo con ella el canto de los pajarillos “amanecedores”.Mis temores nocturnos terminaron por aguzarme, en la smañanas abiertas, la percepción de un sinnúmero de ruidos que se perdía en la claridad y en la algaraza de los días y resultaban misteriosamente subrayados en el silencio profundo de las noches. Pero en la medida en que fui penetrando en la intimidad de mi mundo, en que lo percibía mejor y lo “entendía” en la lectura que de él iba haciendo, mis temores iban disminuyendo. Pero, es importante decirlo, la “lectura” de mi mundo, que siempre fundamental para mí, no hizo de mí sino un niño anticipado en hombre, un racionalista de pantalón corto. La curiosidad del niño no se iba a distorsionar por el simple hecho de ser ejercida, en lo cual fui más ayudado que estorbado por mis padres. Y fue con ellos, precisamente, en cierto momento de esa rica experiencia de comprensión de mi mundo inmediato, sin que esa comprensión significara animadversión por lo que tenía encantadoramente misterioso, que comencé a ser introducido en la lectura de la palabra. El desciframiento de la palabra fluía naturalmente de la “lectura” del mundo particular. No era algo que se estuviera dando supuesto a él. Fui alfabetizado en el suelo de la quinta de mi casa, a la sombra de los mangos, con palabras de mi mundo y no del mundo mayor de mis padres. El suelo mi pizarrón y las ramitas fueron mis gis. Es por eso por lo que, al llegar a la escuelita particular de Eunice Vasconcelos, cuya desaparición reciente me hirió y me dolió, y a quien rindo ahora un homenaje sentido, ya estaba alfabetizado. Eunice continúo y profundizó el trabajo de mis padres. Con ella, la lectura de la palabra, de la frase, de la oración, jamás significó una ruptura con la “lectura” del mundo. Con ella, la lectura de la palabra fue la lectura de la “palabra-mundo”.Hace poco tiempo, con profundo emoción, visité la casa donde nací. Pisé el mismo suelo en que me erguí, anduve, corrí, hablé y aprendí a leer. El mismo mundo, el primer mundo que se dio a mi comprensión por la “lectura” que de él fui haciendo. Allí reencontré algunos de los árboles de mi infancia. Los reconocí sin dificultad. Casi abracé los gruesos troncos –aquellos jóvenes troncos de mi infancia. Entonces, una nostalgia que suelo llamar mansa o bien educada, saliendo del suelo, de los árboles, de la casa, me envolvió cuidadosamente.

sábado, 7 de julio de 2012

Ensayo: FILOSOFIA Y LECTURA, SUS CONSECUENCIAS EN EL PENSAMIENTO LATINOAMERICANO


Reseña por: Dra. Mireya Hidalgo

Los invito a leer mi ensayo: FILOSOFIA Y LECTURA SUS CONSECUENCIAS EN EL PENSAMIENTO LATINOAMERICANO, publicado en la revista INVESTIGACIONES INTERACTIVAS COBAIND, en el volumen 2, Nº 8, Mayo - Julio 2012. A continuación el resumen:
Resumen
La humanidad y su proceso civilizatorio, se registran en un complejo entramado cronológico en el tiempo y espacio, cuyo proceso sería de difícil acceso, de no ser por los códigos creados por el hombre para preservar la memoria y proyectarla al infinito de su efímera existencia en el universo. En efecto, es a través del registro escrito que puede accederse a lo que ha sido el pasado con sus diversas aristas: religiosas, científicas, políticas, económicas, y de dominación de ideas. Estos elementos eminentemente característicos del paso de la humanidad por el planeta, se pueden pensar y aún redimensionar en función de la lectura, como instrumento para conocer y dar a conocer la existencia misma. Desde esta perspectiva, la filosofía como dimensión que discurre sobre el pensamiento del hombre, se apropio de la lectura para atesorar las percepciones de éste en sus consecutivas etapas históricas, desde la antigüedad hasta el presente; como elemento imprescindible del conocimiento. Dado que, lo que hoy se sabe del pasado, sería inconcebible sin los valiosos relatos, encontrados en papiros, pergaminos o los libros, depositados en bibliotecas, que actualmente están mutando al formato digital,  para cumplir la función de servir de resguardo del recuerdo para su lectura.
Descriptores: Lectura, filosofía, humanidad.




jueves, 24 de mayo de 2012

Ensayo: HISTORIA, POLÍTICA, SOCIEDAD Y EDUCACIÓN LATINOAMERICANA.


Les invito a leer el ensayo: HISTORIA, POLÍTICA, SOCIEDAD Y EDUCACIÓN LATIONOAMERICANA, de mi autoria y publicado en la Revista: INVESTIGACIONES EDUCATIVAS COBAIND, Volumen II, Nº 7. Mayo 2012. A continuación el resumen.

Resumen.
La historia del continente americano, se relaciona intrínsicamente con las condiciones geohistóricas que prevalecían tanto en Europa como en el Continente recién descubierto,  en lo social, político y económico en el tiempo de la colonización. Ya que estas circunstancias determinaron la forma en que se estableció la dominación entre europeos y los vulnerables habitantes de la región sometida. Dado que fue esta compleja y difícil situación, la que por una parte, transformó la conciencia  de la cultura y concepción del ser que tenían los colonizados, para desdibujarla y confundirla en el tiempo, a tal punto que definir lo que se es realmente, confunde por que el registro del pasado fue saqueado o destruido, sustituyéndolo por una noción imprecisa entre el pasado ancestral y la imposición de una verdad, en la que de cualquier forma era irracional la adecuación. Por ello, necesario es conocer lo que precedió el presente, el pensamiento y razones  de quienes impusieron su cultura, por intereses bien definidos, que nada tenían que ver con el respeto, progreso o igualdad de quienes eran los auténticos pobladores, que vieron desaparecer su identidad, para sumergirlos en la confusión, siendo los genuinos habitantes de la región, en una espiral que parece infinita.
Descriptores: Identidad, cultura, historia.

lunes, 21 de mayo de 2012

¡GRACIAS SALVADOR!

A propósito de mi tésis doctoral, defendida el pasado diciembre 2011, Titulada: "La formación  docente como impulso al  hábito lector, en escuelas primarias. Una construcción teórica educativa a la luz del pensamiento complejo". Salvador Montoya, joven escritor y amigo, quizo leerla, pero además me regaló unas hermosas palabras que publicó en su blog: salvador-montoya.blogspot.com. Justamente, por ese sentir mio, quiero compartirlas con los lectores de Solariego y reiterarle mi agradecimiento a Salvador. A continuación el articulo.

sábado, 19 de mayo de 2012

EL CÍRCULO HERMENÉUTICO DE MIREYA HIDALGO


Por Salvador Montoya/Escritor

Los teóricos e investigadores afirman que el pensamiento crítico se ejercita para discernir entre otros aspectos, lo objetivo y lo subjetivo, lo verdadero y lo falso. Al seguir esta premisa la Dra. Hidalgo la interrelaciona con la promoción de la lectura: evento holístico que es un viaje al centro neurálgico del homo sapiens contemporáneo. Porque una sociedad que se califica a sí misma de la comunicación y del conocimiento, el leer es una actividad transversal de fundamento indubitable.
Por eso, el círculo hermenéutico de Mireya Hidalgo está unido en su tesis doctoral por una línea de fuego cruzada por su historia personal-intelectual de ámbitos enriquecedores, por bases científicas diáfanas y persuasivas y por último, intrepidez en realizar sus propuestas conceptuales. En sus casi 400 páginas la Dra. Hidalgo hila un tapiz cual Penélope, sin embargo tal hilar es una Ítaca controversial y  enrevesada. Pues, promocionar la lectura es vivir lo que escribió César Vallejo: hacer que el viento cambie de aire. Si queremos ciudadanos críticos, participativos, creativos y fuertes, ellos tienen que tener, sin lugar a dudas, un hábito lector de adjetivos similares. La Dra. Hidalgo, una amiga culta, intuitiva y perspicaz nos orienta con trazos de pincel de Monet a entrar en ese círculo de riquezas, de goce y de inteligencia compartida. Las razones para permanecer en esa geometría de conocimientos son múltiples: potenciamos nuestra identidad, crecemos en saberes y nos avivamos una entereza espiritual y mental. Es decir, estamos hilando nuestra propia felicidad y humanidad.
La Dra. Hidalgo demuestra que no es utopía lo que expone con soltura y vitalidad. Sus conceptos se hicieron bisagras para unir empresa privada, institución pública, escuela, familia y comunidad por una lectura que no es más que mirarnos y transformarnos. Su obra no se la llevará el viento, más bien pertenece al huracán creativo de nuestra venezolanidad y de lo afirmativo de América Latina. ¡Dra. Hidalgo, los que leemos, te honramos! 

Escritores Venezolanos: ANDRÉS ELOY BLANCO.


NACE EN CUMANÁ ESTADO SUCRE: EL 6 DE AGOSTO DE 1886
MUERE EN CIUDAD DE MÉXICO EL 21 DE MAYO DE 1955.
Importante poeta venezolano, miembro de la "Generación del 28" y fundador del Partido Acción Democrática (AD). Sus padres fueron Luis Felipe Blanco y Dolores Meaño. Transcurre su infancia en la isla de Margarita, hasta que se traslada a Caracas en 1908 con la finalidad de estudiar en el Colegio Nacional, regentado en ese entonces por Luis Ezpelosín. Luego ingresa a la Universidad Central de Venezuela, donde cursa la carrera de derecho y se gradúa en 1918. Desde muy joven mostró un gran talento literario, el cual fue reconocido en diversos concursos. En tal sentido, uno de sus primeros poemas "La espiga y el arado", fue premiado en los Juegos Florales de Ciudad Bolívar en 1916. Asimismo en 1921, publica su primer libro Tierras que me oyeron; y en 1923, recibe el primer premio en concurso promovido por la Real Academia Española de la Lengua, en la ciudad de Santander (España), a la cual concurrió con su Canto a España, lo que le da notoriedad internacional.
En 1928, forma parte del grupo de estudiantes universitarios que se alzaron en contra de la dictadura del general Juan Vicente Gómez. Por tal motivo, entre 1928 y 1933, va a parar a la prisión de La Rotunda, de donde lo pasan al castillo Libertador de Puerto Cabello (1933-1934). Durante el tiempo que estuvo encarcelado, dio muestras de una gran fortaleza física y moral, ya que pese a tener pesados grillos en los pies, siguió produciendo originales escritos que luego sus hermanas se encargaban de pasar en limpio. Enfermo fue confinado a Valera (1935). En el lapso que estuvo prisionero en las cárceles gomecistas, estableció contacto con los campesinos y obreros analfabetas llevados a estas prisiones por el régimen de Gómez; los cuales inspiraron algunas de su obras: Barco de Piedra, Malvina Recobrada (1937), Abigail (1937) y Baedecker 2000. En estos libros Eloy Blanco empleó un tratamiento de la realidad que él mismo denominó como "colombismo", y que derivaba de una actitud descubridora del poeta en contacto con la realidad americana.
Después de la muerte de Juan Vicente Gómez (17.12.1935), milita en las filas del Partido Democrático Nacional (PDN) y resulta electo presidente del Consejo Municipal del Distrito Federal. Miembro fundador del partido Acción Democrática (AD), participa también en la fundación del semanario humorístico El Morrocoy Azul (1941). Diputado por el Distrito Federal (1945) y destacado presidente de la Asamblea Nacional Constituyente (1946-1947), se desempeña como ministro de Relaciones Exteriores en el Gobierno de Rómulo Gallegos y representa a Venezuela en las Asamblea de las Naciones Unidas (París 1948). Luego del derrocamiento de Gallegos (24.11.1948), sale al destierro, pasando primero a Cuba y posteriormente a México, donde murió en un accidente automovilístico. En 1973, el Congreso Nacional hizo una edición de sus obras completas, en 10 volúmenes, 5 de los cuales recogen su labor periodística, que contiene crónicas y ensayos cortos. En esta edición, también están contenidos sus discursos, que son de calidad excelente, pues Andrés Eloy Blanco era un gran orador, acaso uno de los mejores que ha tenido Venezuela en el siglo XX. Sus restos reposan en el Panteón Nacional desde el 2 de julio de 1981.
Tomado de Venezuela Tuya.com
Imagen de: Google

POESIA
PINTAME ANGELITOS NEGROS
(Andrés Eloy Blanco)
¡Ah mundo! La Negra Juana,
¡la mano que le pasó!
Se le murió su negrito,
sí señor.
—Ay, compadrito del alma,
¡tan sano que estaba el negro!
Yo no le acataba el pliegue,
yo no le acataba el hueso;
como yo me enflaquecía,
lo medía con mi cuerpo,
se me iba poniendo flaco
como yo me iba poniendo.
Se me murió mi negrito;
Dios lo tendrá dispuesto;
ya lo tendrá colocao
como angelito del Cielo.
—Desengáñese, comadre,
que no hay angelitos negros.
Pintor de santos de alcoba,
pintor sin tierra en el pecho,
que cuando pintas tus santos
no te acuerdas de tu pueblo,
que cuando pintas tus Vírgenes
pintas angelitos bellos,
pero nunca te acordaste
de pintar un ángel negro.
Pintor nacido en mi tierra,
con el pincel extranjero,
pintor que sigues el rumbo
de tantos pintores viejos,
aunque la Virgen sea blanca,
píntame angelitos negros.
No hay pintor que pintara
angelitos de mi pueblo.
Yo quiero angelitos blancos
con angelitos morenos.
Ángel de buena familia
no basta para mi cielo.
Si queda un pintor de santos,
si queda un pintor de cielos,
que haga el cielo de mi tierra,
con los tonos de mi pueblo,
con su ángel de perla fina,
con su ángel de medio pelo,
con sus ángeles catires,
con sus ángeles morenos,
con sus angelitos blancos,
con sus angelitos indios,
con sus angelitos negros,
que vayan comiendo mango
por las barriadas del cielo.
Si al cielo voy algún día,
tengo que hallarte en el cielo,
angelitico del diablo,
serafín cucurusero.
Si sabes pintar tu tierra,
así has de pintar tu cielo,
con su sol que tuesta blancos,
con su sol que suda negros,
porque para eso lo tienes
calientito y de los buenos.
Aunque la Virgen sea blanca,
píntame angelitos negros.
No hay una iglesia de rumbo,
no hay una iglesia de pueblo,
donde hayan dejado entrar
al cuadro angelitos negros.
Y entonces, ¿adónde van,
angelitos de mi pueblo,
zamuritos de Guaribe,
torditos de Barlovento?
Pintor que pintas tu tierra,
si quieres pintar tu cielo,
cuando pintas angelitos
acuérdate de tu pueblo
y al lado del ángel rubio
y junto al ángel trigueño,
aunque la Virgen sea blanca,
píntame angelitos negros.